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El momento de David Barral

4 goles en 1.742 minutos de Liga. Muy poco bagaje para un futbolista de la talla de David Barral, que estuvo a punto de debutar en un partido de la 'Champions' con el Madrid durante su estancia en Valdebebas y del que se esperan actuaciones más determinantes. Bien es cierto que el gaditano se ha reformado en su juego y se ha convertido en un jugador más

disciplinado, pero los números dicen que lleva más de media temporada por debajo de sus registros habituales. Además, su pasional relación con El Molinón ya no es la que era. Se ha enfriado. Y el popular: «¡dásela a Barral que mete gol!» hace meses que no se escucha en el coliseo gijonés. Pero el Sporting, que lleva 270 minutos sin ver puerta, necesita sus goles más que nunca.

Con Bilic fuera por sanción, Barral se convertirá en el principal argumento ofensivo de Preciado para intentar dejar malherido al Valladolid. Las grandes citas le motivan, como demostró en las dos últimas visitas de los rojiblancos a Mestalla o, recientemente, en el Bernabéu.

Pero, concretamente, el Valladolid, sobre todo cuando se aleja del Pisuerga para visitar El Piles, es un equipo que se le da especialmente bien al '23' rojiblanco. La temporada pasada le hizo tres tantos al equipo pucelano, que por aquel entonces todavía estaba entrenado por Mendilíbar, en sólo dos partidos y en cuestión de días por las apreturas del calendario.

El primero de ellos, en el escaparate de la Copa, se saldó con un rotundo 3-1 favorable a los rojiblancos y un doblete del gaditano. Días después, Barral, que previamente le había regalado el primero a Carmelo, volvió a festejar otro gol ante el Valladolid en el encuentro de la primera vuelta disputado en Gijón (2-1).

Por otra parte, el Comité de Competición sancionó ayer con un partido a Bilic y José Ángel, sin tener en cuenta las alegaciones presentadas por el conjunto rojiblanco en el caso del canterano. El Sporting presentará ahora un recurso ante el Comité de Apelación.
JAVIER BARRIO

Barral podría ser titular

Preciado ensayó esta mañana con el posible equipo que jugará el domingo ante el Xerez. Volverían Lora y Barral en detrimento de Sastre y Bilic, y mantendrá hasta última hora la incertidumbre en torno a De las Cuevas. De momento, probó entre los titulares.

El que descansó fue Diego Castro. Carmelo ocupó la media punta y De las Cuevas se fue a la izquierda. Fue la única novedad reseñable, aunque el gallego es previsible que sea titular ante el Xerez.

Preciado no quiere confianzas y sabe que el partido puede darle la salvación casi matemática a los rojiblancos que, de ganar, dejarían al Xerez a 17 puntos a falta de tan sólo 8 jornadas.

Barral deja su firma en el Bernabeu

Los amores de juventud nunca se olvidan. Por eso, al igual que todos los niños que han pasado por la fábrica blanca, David Barral Torres (Cádiz, 10-5-83) soñó siempre con marcar en el Santiago Bernabeu. Por eso cuando el pasado sábado logró hacerlo con certero cañonazo a la escuadra no dudó en celebrar el tanto que había estado esperando durante años dejando su firma sobre el césped del Bernabeu. Fue un gesto inocente, que no pretendía ofender a nadie, pero que ha recibido algunas críticas injustificadas.

Durante toda la semana previa al encuentro, David Barral vivió el choque de una forma especial. La prensa madrileña dedicó especial atención a los cinco rojiblancos que han pasado por la cantera blanca, principalmente Rivera, David Barral y Lora, pero también Diego Camacho y Cuéllar.

Durante el partido, Barral estaba inquieto. Participó mucho, se apoyó y hasta defendió más de lo habitual. Con la esperanza siempre de que iba a tener una oportunidad. Y la tuvo. Una única oportunidad que no desaprovechó. Diego Camacho robó su enésimo balón en el centro del campo y se inventó un pase con el exterior hacia Barral, que entraba en diagonal desde la derecha. El gaditano pisó el área y fue directo hacia la portería de Casillas, pero el ángulo se le iba reduciendo y el portero de Móstoles tapaba bien el primer palo. De las Cuevas le tiró un desmarque esperando el pase de la muerte, pero Barral descartó esa opción y apostó por lucir su fusil. Armó su pierna derecha y mandó un misil a la escuadra que superó por arriba al mejor portero del mundo.

A partir de ahí, el gaditano enloqueció. Es comprensible. Era el gol que llevaba esperando marcar durante toda su vida y encima tenía una trascendencia enorme al servir para adelantar al Sporting en el Santiago Bernabeu. El delantero se fue hacia la línea de fondo, justo debajo de la zona que ocupaba la Mareona, se arrodilló sobre el césped e hizo el gesto de firmar con su nombre la hierba del Bernabeu.

Luego todo pasó muy rápido. El primero en llegar fue Bilic, que estaba haciendo ejercicios de calentamiento, y los dos delanteros del Sporting se fundieron en un feliz abrazo al que se fueron sumando todos sus compañeros. Lástima que la felicidad durase tan poco. Pero Barral tendrá para siempre esa experiencia. Ese minuto de gloria.

Empate a «unos» en El Molinón

El Sporting encontró rápido el fruto a esa presión ofensiva. Lo hizo bien pronto. En el minuto 5. Tras un saque de esquina con rebote a la zona de David Villa, el contragolpe gijonés, controlado por Diego Castro, acabó en gol, con un extraordinario disparo parabólico del jugador gallego que hizo estéril la estirada del meta César.
Con esa ventaja en el marcador, los gijoneses intentaron mantener la calma, pero se encontraron con un rival que pronto apretó el acelerador y que llevó el partido a una sola mitad del campo: la rojiblanca. Fue entonces cuando emergió la figura de Juan Pablo, que asumió una especial repercusión en este primer tiempo. El meta leonés despachó una actuación sobresaliente con cinco intervenciones claves para llegar al descanso con su portería imbatida.
El primer remate valencianista llevó el sello, como no, de David Villa, en un centro medido de Mata, que el portero local desvió a una mano tras un disparo a bocajarro, con la pierna derecha, de 'El Guaje'. Después también probaron fortuna Silva, Mata y Pablo Hernández, pero el leonés estaba ayer infranqueable. Incluso la madera jugó en esta ocasión con los rojiblancos y un remate, franco y cabeza, de Marchena se estrelló en el poste izquierdo de la portería rojiblanca.
Peligrosas pérdidas
El conjunto de Emery dominaba, pero desesperaba cuando llegaba la hora de disparar a portería. Los hombres de Manuel Preciado se defendían con orden, aunque cometían peligrosas pérdidas de balón por un exceso de confianza de la parcela central. Con más decisión en el despeje, se hubieran evitado algunas ocasiones visitantes de peligro.
Mediado el primer tiempo, el equipo valencianista puso una nueva marcha más a su juego al adelantar a los laterales al campo rojiblanco y al buscar la profundidad del balón tanto por el centro como por las bandas, aprovechando para ello la movilidad de Banega en la parcela central y los desmarques de Villa, Silva y Mata.
El balón era por entero del Valencia y al Sporting no le quedaba otra que sufrir. Pero, incluso bajo estas condiciones, todos los intentos visitantes, que fueron muchos en esta primera mitad del encuentro, no pasaban de Juan Pablo.
Tras el paso por los vestuarios, el segundo tiempo ofreció un desarrollo similar al primero, aunque el conjunto 'che' ya no se mostró tan insistente a la hora de llegar a los dominios de Juan Pablo. Tal vez porque acusó el esfuerzo de los primeros 45 minutos. De hecho, la primera ocasión fue local en una melé en el área visitante, pero Diego Castro no encontró una posición clara para disparar.
El Valencia movió fichas tácticas. Emery trató de abrir espacios en la zaga gijonesa y retrasó a Silva, que se ubicaba cerca de Banega. El balón era de los valencianos, pero sin ocasiones ante el guardameta gijonés. Pese a su total dominio, que por momentos se convertía en un asedio total, no lograban descontrolar a los sportinguistas.
El principal defecto de los de Preciado seguían siendo las pérdidas del control del esférico. Lo hacía con demasiada facilidad. Y los saques desde la meta de Juan Pablo acababan en los pies de los defensas valencianistas, en cuya zona se empezaban a armar los ataques visitantes.
Emery trasladó a Mata al centro en un claro intento de desahogar la zona de remate, pero en vano, ya que David Villa estaba demasiado vigilado. La lesión de Bruno dio lugar a un doble cambio en las filas visitantes. Miguel sustituyó al mencionado Bruno y 'Chori' Domínguez ocupó el puesto de Pablo Hernández, bastante desdibujado y sin poder en ningún momento con su par, el rojiblanco Canella. El argentino se fue al centro del campo, mientras que Silva cayó a la banda derecha.
Aunque el balón era de los visitantes, el Sporting mantenía bajo control su zona, sin que los hombres de Emery encontraran facilidades en sus aproximaciones al área. Manuel Preciado recurrió a jugadores de refresco para mantener la fuerte presión. Dio entrada a Kike Mateo, que se situó en la posición de enganche en sustitución de Carmelo, y De las Cuevas pasó a la banda derecha.
El acierto de Mata
El conjunto 'che' pudo lograr el empate en un chut de Villa, con poco ángulo, pero el esférico se estrelló en la parte externa del poste izquierdo. Lo que 'El Guaje' no logró lo consiguió cuatro minutos después Mata, al aprovechar un pase en profundidad tras un despeje equivocado de Lora. La decepción cundió entre los rojiblancos. Sobre todo, porque el Valencia marcó cuando menos lo merecía.
Reaccionó al gol el técnico de El Astillero y dio entrada al campo a Sastre en el lugar de De las Cuevas. El mallorquín se colocó por delante de Lora. El Sporting se mostró en esta parte final como un conjunto entero frente a un rival menos agresivo, que, incluso, daba la sensación de conformarse con el empate. No así su técnico, que buscó la velocidad por banda y el desborde al retirar al goleador Mata y apostar por Joaquín.
En el último tramo del partido, las oportunidades para desnivelar el duelo fueron locales. Diego Castro pudo hacerlo, pero su disparo lo rechazó César. Pero, para ocasión clara, la de Mate Bilic ya en el tercer minuto de los cuatro de prolongación. El croata, solo ante César, no fue capaz de superar al veterano guardameta en su salida.
Manuel Preciado dio entrada a Lola a tres minutos del final en un debut testimonial, ya que el serbio dispuso de poco tiempo para entrar en juego.
El empate, en cualquier caso, es un buen resultado, aunque la ocasión final de Bilic dejó un sabor agridulce, ya que la victoria pudo haber quedado en casa ante un rival que confirmó la extraordinaria calidad que atesora en sus filas. Tanto a nivel colectivo como individual.
La imagen del Sporting ayer no tuvo nada que ver con la ofrecida una semana antes en el estadio de los Juegos del Mediterráneo y permite pensar con moderado optimismo en el futuro inmediato de los hombres de Manuel Preciado.
El Sporting lavó su mala imagen de la jornada anterior. Y lo hizo frente a un buen Valencia, que obligó a los hombres de Manuel Preciado a emplearse a tope para contrarrestar su juego. El punto final debe valorarse como positivo, ya que responde a lo sucedido sobre campo de El Molinón aunque pudo saber a poco tras 70 minutos con ventaja en el marcador y tras errar la mejor ocasión del partido en el tiempo añadido, que pudo haber dejado los tres puntos en Gijón.
El inicio del duelo de El Molinón fue de un alto grado de intensidad. El equipo de Manuel Preciado presionó con insistencia desde el mismo pitido inicial del colegiado Ramírez Domínguez y esa actitud cayó como un jarro de agua fría entre unas sorprendidas filas valencianistas. Portilla se mostraba notablemente activo en el centro del campo, los interiores ofrecían movilidad y se trataba de imprimir un fuerte ritmo al trabajo ofensivo, que descontroló por completo a los defensores visitantes en estos compases iniciales.

Barral hace a Gundemaro socio de honor

El delantero David Barral, que marcó el gol 1.000, entregó el carné de socio de honor de la Peña Sportinguista Tres Ases al veterano Gundamaro Paniceres, autor del primer tanto del Sporting en Primera (1943-44), durante una visita al hospital de Cabueñes, en la que estuvo también presente Sergio Puente, presidente de esta peña.

El Sportin se reencuentra con la victoria

El Sporting de Gijón logró hacer de El Molinón un fortín, consiguiendo una victoria importantísima ante un Getafe en racha que le permite asentarse en la zona media de la tabla y, de paso, reencontrarse con el triunfo y frustrar las aspiraciones del conjunto madrileño de acabar la jornada en Europa.

Un gol de Diego Castro en el minuto 39 de la primera mitad bastó para que los de Preciado volvieran a saborar las mieles del triunfo ante una mareona a la que ni el frío ni la nieve impidió que copara las gradas de el Molinón.

El conjunto de Míchel se vio superado en la primera parte por un cuadro local que salió dispuesto a que los tres puntos se quedaran en casa a toda costa. Desde el primer momento, el balón estuvo más tiempo en el medio campo visitante que en el local, llegando la mayoría del peligro con las entradas por las bandas.

No obstante, durante unos minutos el Getafe se sacudió el dominio rojiblanco y llegó a las inmediaciones de Juan Pablo, aunque sin crear peligro. Dos faltas sobre Pedro León en las inmediaciones del área fueron lanzadas por éste sobre la barrera en medio del nerviosismo de la grada, conocedora del peligro que este futbolista tiene en este tipo de acciones.

Acuciados por Preciado, los jugadores del Sporting volvieron a tomar el mando del partido y fue Diego Castro se encargó de poner de nuevo en apuros a Codina en una rápida contra del conjunto asturiano.

Un minuto después éste adelantó al equipo gijonés al controlar con el pecho un mal disparo de Maldonado y cruzar el balón fuera del alcance de Codina, cuando quedaban siete minutos para el descanso.

El Getafe lo intentó de todas las maneras
Tras la reanudación, el Getafe salió más 'enchufado' y buscó el empate con ahínco, pero se encontró con una defensa muy seria y un Juan Pablo que realizó grandes intervenciones.

Pero el Sporting supo jugar bien sus bazas y creó peligró, pero no supo materializar. Falló Maldonado en un centro-chut un tanto esquinado que Codina cubrió muy bien y Rivera mostró lo mejor de sí mismo en el centro del campo, creando juego y cortando muchos balones, lo que provocó que el Getafe, incapaz, se viera encerrado en su parcela.

fue entonces cuando Míchel decidió 'despertar' a los suyos. El Getafe se hizo dueño del balón y empezó a dar mucho trabajo a Juan Pablo mientras que los sportinguistas se vinieron atrás. El cuadro azulón gozó de la mejor ocasión del partido para empatar en una falta lanzada por Pedro León hacia el área que remató de cabeza Mario para, solo, estrellar el balón en el poste.

El Getafe lo intentó de todas las maneras posibles pero la defensa y el portero sportinguista estuvieron muy seguros e incluso la última oportunidad fue para el equipo local, pero el disparo de Bilic acabó en córner ante la buena reacción de Codina.

Empate del Sporting ante el Málaga

Pudo ganar. Hizo méritos para ello, pero la reacción después de los despistes de los dos goles malagueños quedó incompleta. El Sporting se quedó a medias.

El partido fue más emocionante que brillante. El Málaga buscó la vía práctica. Aprovechar los despistes defensivos de su rival y frenar el ritmo del partido. Le fue bien, porque pronto inauguró el marcador, después de que Maldonado realizase una prometedora jugada. En el tanto visitante, Duda no tuvo problemas de acoso en el marcaje de su par, para hacer un segundo remate casi sin oposición. Recordó viejos defectos de la defensa gijonesa.

El equipo de Muñiz creó complicaciones con una fuerte presión desde el pitido inicial. Con el marcador a favor le vino mucho mejor el dispositivo del partido. En el Sporting se echaba de menos a Rivera. Su pareja habitual en el pivote, Míchel, quedaba en el banquillo, para empezar a calentar a la media hora y salir en el segundo tiempo. Con la escasa actividad de Matabuena y Camacho, no tiene explicación que el lenense quedara fuera.

El Sporting perdió la mayor parte del primer tiempo sin apenas entradas por las bandas y sin que la conexión entre De las Cuevas y Barral funcionara, pese a los esfuerzos individuales.

Preciado hizo el primer cambio obligado. Lora, que había sido duda, acusó problemas gástricos. Entró Sastre, sin variantes tácticas.

El Málaga se dedicó a perder el tiempo, para sacar de quicio a los rojiblancos. Una táctica lógica con 0-1 en el marcador, con demasiada pasividad del colegiado. Pudo marcar Barral, pero desvió poco el balón ante la salida de Munúa, y Maldonado, pero su tiro rozó el exterior de la madera. También Forestieri tuvo una ocasión en un contraataque, pero cruzó el balón en exceso.

El fútbol del Sporting se caracterizaba por los pelotazos, con escasas ideas en la concepción del juego y con más voluntad que acierto. El partido resultaba cómodo para Munúa, pese a que la zaga malaguista evidenciaba algunas carencias, sobre todo por los laterales.

El partido era tenso y con abuso de los visitantes para caer al césped en cualquier contacto. La consigna era parar el ritmo lo más posible, ante la fogosidad de los de Preciado. Ese empuje fue el que permitió la igualada, en un lanzamiento de esquina lanzado por Maldonado, que cabeceó impecablemente Gregory. Era el tercer minuto de la prolongación.

En el segundo tiempo salió Míchel. El equipo gijonés, ya con el marcador nivelado, ganó en consistencia y empezó a tener aproximaciones a la zona de Munúa, con un Barral muy activo. El conjunto de Preciado arriesgaba más para buscar la victoria. Faltaba precisión en los metros finales, mientras que los visitantes empezaban a pasar apuros.

De una forma absurda cambió de nuevo el guión del encuentro. En el lanzamiento de falta muy lejana, el trío de Duda dio en el cuerpo de Gregory, despistó a Juan Pablo y dejó que Weligton sólo tuviera que empujar el balón. Otra vez el partido cuesta arriba.

Preciado arriesgó todo. Retiró a Camacho y dio entrada a Carmelo. Míchel quedó de pivote único, con un potencial ofensivo de cinco delanteros. La presencia de Carmelo dio un dinamismo mucho más incisivo.

Diego Castro tiró a la madera poco antes de que Canella lograra la igualada definitiva, con un disparo desde muy lejos, que sorprendió a Munúa.

Al ataque

Con el nuevo empate, el Málaga dio la sensación de conformarse con un punto, mientras que el Sporting apretó más las tuercas en ataque. El conjunto de Muñiz, con dos pivotes de corte más bien defensivo, ya no ofrecía peligros. Ni la presencia de Luque se dejaba notar en el aspecto ofensivo.

El problema de los rojiblancos era la falta de definición en su vanguardia, principalmente por pecar en la búsqueda de la posición para el disparo con reiterados quiebros y regates. Los rojiblancos querían encontrar una posición cómoda para el disparo. El ejemplo fue el de Maldonado, quien tuvo dos oportunidades para haber servido el balón en perfecta situación para el remate, pero se perdió en querer asegurar demasiado el pase ante una zaga que daba pocas concesiones por el centro.

El conjunto de Muñiz sólo tuvo un contraataque, que Juan Pablo solucionó en el tiro inocente del joven Pedrito, mientras que Munúa estuvo más activo, con la oportunidad de resarcirse del gol del segundo empate.

La banda izquierda de los rojiblancos empezó a hacer estragos en la zaga andaluza. El sufrimiento era para el danés Mtiliga, a quien Estrada tardó mucho en mostrar la tarjeta por la reiteración de faltas.

El tiempo de prolongación se jugó casi todo en el campo malagueño, pero con pocas opciones de tiro, ante un rival que intentaba mantener el orden defensivo, pero con algunos problemas para frenar el estilo de los 'jugones' rojiblancos, que perdieron una buena oportunidad para ser más prácticos. En ese sentido, el Málaga se adaptó mejor al partido, aunque también gozó de dos regalos que supo administrar.

Por merecimientos, el Sporting hizo más que el Málaga para ganar, aunque los gijoneses perdieron una buena parte del primer tiempo. Por las características de los centrocampistas de la plantilla y la actividad que lleva cada uno en sus piernas, dejar a Míchel en el banquillo sonó a error, sobre todo cuando el técnico aclara que no se le dio ninguna indicación de la oferta del Birmingham City o de conveniencias empresariales. Dejar sentado a un titular que rinde a un nivel notable carece de lógica.

Por otro lado, los gazapos defensivos recordaron viejos defectos que fueron los que impidieron tener en la campaña pasada una tranquilidad en la clasificación, hasta perder un colchón que se tenía en enero, similar al de ahora. La ventaja no es tan sustancial con lo que queda por disputarse.

El regusto que queda del partido es que la imagen del equipo, pese a que fue irregular, fue mejor que la del rival. Hubo ocasiones para haber ganado, pero la falta de acierto dejó la reacción a medias.
FUENTE: ROSETY